Pier Paolo Pasolini
Bolonia el 5 de marzo
de 1922-Roma 2 de noviembre de 1975
La vida
2. La segunda Guerra Mundial.
La muerte del hermano Guido. Pasolini entre 1945 y 1949
.
.
La
segunda Guerra Mundial representa para Pasolini un periodo extremadamente
difícil. Su estado de ánimo se intuye por el tono de sus
cartas:
“En
cuanto a mi salud, no está mal, es más, bien. También
en cuanto a moral, cuando todo está tranquilo, o sea raramente.
Por lo demás, mucho miedo. Miedo de perder la vida, ¿entiendes,
Rico? Y no sólo la mía, sino la de los demás. Estamos
todos tan expuestos al destino, pobres hombres desnudos”
[Carta
al pintor De Rocco, otoño de 1944]
“No
sé si volveremos a vernos, todo huele a muerte, a final, a fusilamiento…
Todo huele a disparos, todo da náuseas si uno piensa que sobre esta
tierra cagan esos tipos. Quisiera escupir sobre la tierra, esta tonta,
que sigue echando hierbitas verdes y flores amarillas y celestes, y brotes
en los árboles…”
[P.P.P.
Lettere agli amici, por Luciano Serra, Milano 1976]
Pasolini
recibe la llamada del ejército y se incorpora en Livorno en 1943.
El 8 de septiembre desobedece a la orden de entregar sus armas a los alemanes
y huye. Tras varios desplazamientos por Italia regresa a Casarsa. La familia
Pasolini decide dirigirse a Versutta, un lugar menos expuesto a los bombardeos
aliados y a los sitios alemanes. Aquí enseña a chicos de
bachillerato inferior.
Sin
embargo, el acontecimiento que marca aquellos años es la muerte
de su hermano Guido. Guido no acepta seguir escondido en Versutta. Pier
Paolo le acompaña a la estación, donde compra un billete
para Bolonia para desviar las sospechas. Guido viaja a Spilimbergo, y de
allí a Pielungo para reunirse con la división partesana de
Osoppo, donde adopta el apodo de Ermes, el nombre de Parini, un amigo de
Pier Paolo desaparecido en la campaña de Rusia.
Entre
los distintos grupos de la resistencia antifascista friulana nacen conflictos
intestinos. Los comunistas de las brigadas garibaldinas quieren la anexión
de Friuli a la Yogoslavia de Tito, mientras que la brigada de Osoppo defiende
la italianidad de Friuli. Guido escribe sobre ello a Pier Paolo, para que
en sus artículos se comprometa a defender la postura de la Osoppo.
Pasolini nunca escribirá esos artículos.
En
febrero de 1945 Guido es asesinado junto con el vértice de la división
osavana. Los hechos tienen lugar en la dehesa de Porzus: un centenar de
garibaldinos se acercan fingiéndose perdidos, capturan a los de
la Osoppo y los fusilan. Guido, a pesar de estar herido, consigue escapar
y encontrar refugio en casa de una campesina. Pero los garibaldinos le
encuentran, le arrastran fuera de la casa y le asesinan. De ello la familia
no se entera hasta el final de la guerra. Escribe Pasolini:
“A
menudo pienso en el tramo de carretera entre Musi y Porzus, por el que
anduvo mi hermano aquel terrible día, y mi imaginación se
hace radiante por no sé qué candor de nieves, por no sé
qué pureza de cielo. Y la persona Guido está tan viva”.
Así
lo cuenta Pasolini en el periódico comunista “Vie nuove” del 15/09/1971,
en respuesta a un lector que le pedía aclaraciones sobre la muerte
de Guido:
“El
asunto se puede contar en dos palabras: desde Bolonia mi madre, mi hermano
y yo nos habíamos refugiado en el Friuli, en Casarsa. Mi hermano
seguía estudiando en Pordenone: cursaba el bachillerato científico,
tenía diecinueve años. En seguida entró en la Resistencia.
Yo, un poco mayor que él, le había inclucado el más
encendido antifascismo con la pasión de los catecúmenos,
pues yo mismo era un chico y hacía sólo dos años que
había descubierto que el mundo en el que había crecido sin
ninguna perspectiva era un mundo ridículo y absurdo. Unos amigos
comunistas de Pordenone (yo aún no había leído a Marx,
y era liberal, con tendencia al partido de acción) llevaron a Guido
a la idea de lucha activa. Tras unos meses és partió hacia
el monte, donde se combatía. Un edicto de Graziani, llamándole
a filas, fue el pretexto de su partida, la excusa ante mi madre. Yo le
acompañé al tren, con su maletita donde, escondida en un
libro de poemas, llevaba una pistola. Nos abrazamos: fue la última
vez que le vi.
En
los montes entre el Friuli y Yugoslavia Guido combatió valientemente
durante varios meses: se había enrolado en la división Osoppo,
que actuaba en la zona de la Venezia Giulia junto con la división
Garibaldi. Fueron días terribles: mi madre sentía claramente
que Guido no iba a regresar nunca más. Él habría podido
caer cien veces en combate contra los fascistas y los alemanes, porque
era un chico con una generosidad que no admitía ninguna debilidad,
ni compromiso alguno. En cambio, su destino fue morir de una manera aún
más trágica.
Usted
sabe que la Venezia Giulia se encuentra en la frontera entre Italia y Yugoslavia;
por tanto, en aquella época Yugoslavia trataba de anexionarse todo
aquel territorio, y no sólo el que en realidad le correspondía.
A pesar de estar inscrito en el partido de acción, a pesar de ser
íntimamente socialista (no hay duda de que hoy estaría a
mi lado), mi hermano no podía aceptar que un territorio italiano,
como es el Friuli, pudiera estar en las miras del nacionalismo yugoslavo.
Se opuso, y luchó. En los últimos meses, la situación
en los montes de la Venezia Giulia era desesperada, ya que cada uno se
encontraba entre dos fuegos. Como sabrá, la Resistencia yugoslava
era aún más comunista que la italiana, así que de
pronto Guido tuvo como enemigos a los hombres de Tito, entre los cuales
había italianos, con quienes compartía el fondo de sus ideas,
pero sin poder compartir su política inmediata, de carácter
nacionalista.
Murió
de una manera que cuento con el corazón partido: aquel día
hubiera incluso podido salvarse, pues murió por acudir en ayuda
de su comandante y de sus compañeros. Creo que ningún comunista
pueda criticar la conducta del partesano Guido Pasolini. Yo me siento orgulloso
de él, y es el recuerdo de él, de su generosidad, de su pasión,
el que me obliga a seguir por el camino que sigo. El hecho de que su muerte
haya llegado así, en una situación compleja y aparentemente
tan difícil de juzgar, no me induce a ninguna duda. Tan sólo
confirma mi convicción de que nada es sencillo, que nada acontece
sin complicaciones o sufrimientos, y que lo que cuenta, sobre todo, es
la lucidez crítica, que destruye las palabras y las convenciones,
y va hasta el fondo de las cosas, dentro de sus secretas e inalienables
verdades”.
En los
versos del Corus por la muerte de Guido que aparecen en el “Stroligut”
de agosto de 1945, Pasolini escribe:
.
La
livertat, l'Itaia
e
quissa diu cual distin disperat
a
ti volevin
dopu
tant vivut e patit
ta
quistu silensiu
Cuant
qe i traditours ta li Baitis
a
bagnavin di sanc zenerous la neif,
"Sçampa
- a ti an dita - no sta torna' lassu'"
I
ti podevis salvati,
ma
tu
i
no ti às lassat bessòi
i
tu cumpains a muri'.
"Sçampa,
torna indavour"
I
te podevis salvati
ma
tu
i
ti soso tornat lassu',
çaminant.
To
mari, to pari, to fradi
lontans
cun
dut il to passat e la to vita infinida,
in
qel di' a no savevin
qe
alc di pi' grant di lour
al
ti clamava
cu'l
to cour innosent
La
muerte de Guido surte efectos devastadores en la familia Pasolini, sobre
todo en la madre, destrozada por el dolor. La relación entre Pier
Paolo y su madre se estrecha aún más, debido también
al regreso de su padre de su cautiverio en Kenia:
“Acabó
por tanto en Casarsa, en una suerte de nuevo cautiverio, y comenzó
una agonía que duró una docena de años”
[El
perfil autobiográfico en Retratos a medida de escritores italianos,
por E.F. Accrocca, Venecia, 1960]
He
aquí cómo, años más tarde, la muerte de Guido
es instrumentalizada por los diarios de la derecha italiana co el fin de
atacar a Pasolini, por enésima vez y con el enésimo cinismo
canallesco:
"Pier
Paolo, escritor marxista, adopta las ideas y defiende los sistemas de los
asesinos de su hermano”
[Secolo
d’Italia – 24 de septiembre de 1960]
“El
hermano de Pasolini fue asesinado por los comunistas. Parece ser que pidión
en vano ayuda a Pier Paolo”
[Il
Tempo-26 de marzo de 1970]
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Pier Paolo Pasolini.
Palabra de corsario.
Una importante exposición:
Círculo de Bellas
Artes de Madrid.
20 de septiembre-2 de octubre
2005
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